Un operario de fábrica, con unas excelentes competencias técnicas, por necesidades organizativas, es propuesto para asumir responsabilidades superiores. El que era gestor de tareas se transforma en gestor de personas. Nuevas competencias pasan a formar parte de su perfil profesional: definir objetivos, organizar, delegar, coordinar, controlar. De un día para otro, de solo tener responsabilidades operativas, pasa a dirigir a sus antiguos compañeros y a responder sobre estas nuevas responsabilidades ante sus superiores. ¿Preparado para superar esta transición?